R. ALAMEDDINE, “El contador de historias”
Ed. Lumen, 2008, 662 págs., 22´90 €
Las historias provienen de otras historias como las familias provienen de otras familias. Ése parece ser el espíritu que nos intenta transmitir Rabih Alameddine (Beirut, 1960) con su tercera novela, El contador de historias. Este libanés crecido en California reúne un material ambicioso y valiente para hacer que lo cotidiano se convierta en extraordinario, combinando lo mundano con lo fabuloso a base de cuentos sobre el Líbano moderno que se entretejen con cuentos árabes de todos los tiempos.
El pivote de esta larga narración es el hakawati (cuentacuentos), figura de acendrada tradición oriental, que rueda de café en café ofreciendo sus historias a cambio de unas monedas. En la historia se combinan al menos cinco tramas separadas para construir un exquisito tapiz donde todo encaja. Se trata de las historias de Osama Al-Kharrat, un libanés-americano que vuelve a Beirut para sentarse junto al lecho de su padre moribundo; también de la evolución de la familia Al-Kharrat, desde sus inicios en un pueblo druso del Líbano y otro de la armenia turca; del guerrero mameluco Baybars, conocido por su victoria sobre los mongoles; de la mítica Fátima, que se convierte en la compañera del genio Afrit-Jehabam; pero, sobre todo, de la historia de la desintegración de un Líbano tolerante y civilizado en el campo de batalla donde luchan religiones, etnias e ideologías. Cada trama está bien sustentada por pequeñas historias sobre el cuidado de palomas o sobre cómo tocar canciones tradicionales, así como cuentos sacados del Corán, la Biblia, las Mil y Una Noches, Ovidio, Shakespeare, y cada una de las personas que ha hablado con el autor.
Rabih Alameddine brilla en esta ocasión como escritor de cuentos y como novelista. Como cuentista, nos hechiza con preciosas historias de aventuras con elementos de amor y lujuria, asesinato, escándalo y guerra. Como novelista, teje una estructura compleja, construyendo sutiles espejos entre los vuelos de la imaginación y la historia central en un Beirut asolado por la guerra, cambiando la perspectiva con suavidad hasta que, como un mosaico, las diminutas piezas empiezan a tomar forma, y surge la imagen real de la novela. Los cuentos tradicionales y las historias de aventuras, entrelazadas con la historia central de esta familia libanesa llevan al lector de aquí para allá, actuando al mismo tiempo como traviesos duendes en busca de pelea y como guías sabios.
Parte del placer de leer esta obra es el placer de poder volar lejos a través de sus muchas digresiones. La historia de la familia de Osama da lugar a una densidad de recuerdos que recuerdan a Proust: la Beirut en la que viven es exuberante y viva al modo de un mundo desesperadamente aislado y a punto de desaparecer. La destrucción de esta situación a causa del conflicto de los años 70 resulta impactante. El tío Jihad es el símbolo de la vieja y tolerante Beirut: un contador de historias alegre e intensamente vital, sexualmente en conflicto con una sociedad que ama. Su muerte marcará un punto simbólico en la cadena de historias y tradiciones, hasta que Osama asume su papel en la saga Al-Kharrat… La maestría del autor al contar historias parece infinita y con ella ha creado una novela de alto nivel que refleja tanto los viejos imperios como los actuales.
Alameddine se revela como un extraordinario creador de belleza con un estilo pulcro y naïf al mismo tiempo. Seguramente, se le puede considerar uno de los mejores escritores actuales de Oriente Próximo en expresión inglesa. Consigue describir la realidad absurda de la política, la sociedad y la religión en que viven sus personajes con humor y con compasión.
Esther Zorrozua
Que pongan unas fotos