Mikel ALVIRA, “El silencio de las hayas”
Donostia, Ed. Ttarttalo, 2009, 389 páginas.
Estamos ante un relato telúrico en el que a los personajes les entra el espíritu de la tierra por las plantas de los pies, como a los árboles por las raíces. Es una historia arraigada al Pirineo navarro, a la casa de Sorogibel y a una mujer, Cataline, que funciona como leit-motiv del clan, como principio y fin de todo lo que ocurre, piedra de toque que pone en marcha comportamientos y esperanzas cuando todo está perdido. Este elemento llega como una reminiscencia del matriarcado tradicional de la zona y hace que la figura de la madre se agigante ganando atributos extraordinarios y cohesionando a pesar de su ausencia a la familia que se desperdiga sin remedio.
Mikel Alvira (Iruñea, 1969), escritor prolífico y polifacético que cultiva el ensayo, el guión cinematográfico, la novela, el relato y la poesía, multipremiado con galardones como el Nuevoser de Buenos Aires, el Fogón Saint Julen de París, el de Novela No Sexista del Ayuntamiento de Santurtzi y el Internacional de Poesía de Segorbe, afianza su escritura con esta novela, “El silencio de las hayas”, que viene a ser una saga familiar a lo largo de cuatro generaciones (Miguelón, Mieltxo, Miguel, Miguelico) entre 1900 y 1960. La intrahistoria doméstica avanza entrelazada con los avatares tumultuosos de la historia de España en ese periodo (el advenimiento de la República, la Guerra Civil, el exilio). La geografía elegida, Larraskoain, el pueblo más alto del valle de Geiunli, desde el que se cruza y descruza la muga como algo cotidiano tiene la lectura de lo común y compartido por encima de las fronteras artificiales y de que las cosas no son siempre según parecen estar establecidas.
El hilo conductor viene marcado por una acción trepidante, llena de sorpresas, muy en la línea de la novela de aventuras, en la que los personajes se van pasando el testigo unos a otros como en una contrarreloj acelerada. Nada es estable; todo está siempre sujeto a cambio. Los personajes se hallan en todo momento ante encrucijadas y se ven obligados a elegir entre lo que a menudo parecen simples hechos cotidianos. Pero esas elecciones les acarrean consecuencias inesperadas que muchas veces afectan a la familia entera. Ése viene a ser el punto gordiano de reflexión al que nos quiere conducir Alvira con su historia: la enorme trascendencia potencial de lo aparentemente anecdótico.
Todo ello, tejido en un estilo ágil y suelto, que fluye solo y se impregna a ratos, con esmero preciosista, de la sintaxis vasca de los personajes que presumiblemente hablan en euskera. Un estilo fresco y cercano, plagado de diálogos rápidos y eficaces, carente de retoricismos inútiles, para ganar en verosimilitud y hacernos oír las voces diferenciadas de los habitantes del valle, de los mineros vizcaínos o de los policías de Pamplona. Con todo, Alvira trasciende los límites del costumbrismo mediante la incorporación de temas que están en el imaginario universal.
“El silencio de las hayas” viene a ser un título cargado de simbolismos que nos remite a ese vínculo indisoluble entre la gente y la tierra, a ese árbol de carácter sagrado que viste la franja habitable del Pirineo y ha sido testigo de secretos y atrocidades, a esos pactos no verbalizados que ligan a las personas y que, tras la diáspora forzada, reúnen a todos los Sorogibel en el exilio, al otro lado de la muga, donde también están presentes las hayas. Y, seguramente, también a ese miedo a la palabra que impuso la dictadura, pero que nada pudo hacer frente a la resistencia, silenciosa pero activa, de los sometidos.
© E.Z., enero 10
Bonita exposición de un bonito libro, me encanta la forma de explicarlo y de verlo.
Enhorabuena a la autora del texto y al autor del libro.
Saludos Alex
¡Qué agradable! ¿Tú también curioseando en mis cosas? Gracias por dejarme el comentario.
Veo tus fotos casi a diario en Facebook, pero (la prisa que nos puede a todos) a menudo sólo tengo tiempo de dejar un “Me gusta”. Son mensajes cortos, pero sinceros, créeme. Un abrazo.
Gran autor. He leído el NOVENO LIBRO y la PLAYA DE LAS LETRAS y estoy deseando empezar a caminar por ese bosque de hayas, para abrirme paso entre la niebla y descubrir que nos tiene que contar Mikel en su nueva novela.
Le deseo como bien sabe, mucho mucho éxito porque su apuesta por la literatura lo merece. Esther, como autor yo estaría encantado y agradecido de que alguien destripara así de cariñosamente mi obra. Bonita crítica-reseña.
Un saludo.
Totalmente de acuerdo, amigo César.
Hace unos instantes he llegado al final de “El silencio de las hayas”, buscando en la red sobre Larraskoain i Geiunli, dudaba sobre si se trataba de un escenario real o simbòlico, he dado con este blog.
Que bien, poder compartir mis sensaciones con otros lector@s!
Me ha enganchado, hay momentos en que una no encuentra el momento de colocar el marcapáginas y cerrar la luz de la mesilla de noche. Hacia la mitad de la novela mi interés menguó un poco, pensé en la película “El dia de la marmota”, tanto paso de la muga y encontronazo con los carabineros – guardia civiles. La historia-relación de Catalina con el policia sencillamente genial.
Fue uno de los libros que recibí en mi Sant Jordi en Euzkadi, me ha ayudado a entender un poco más estas tierras y sus gentes, su manera de usar la lengua…
Gero arte!
Me alegra mucho haber servido de enlace. Mikel Alvira es un buen amigo mo. Gracias por pasearte por mi blog. Veo que Sant Jordi te cundi. Un saludo y adeu. Esther.