La seriedad del juego
Ed. Alfaguara, 2009, 232 páginas, 17’50 euros
Estamos ante una reflexión sobre la literatura y los literatos, los problemas que deben afrontar, como la memoria, las influencias, el entorno, la relación entre realidad y ficción, y los retos que han de salvar, como las relaciones con los lectores, con la crítica y con sus países de origen; todos esos pormenores que el público no llega a ver porque se quedan en un plano oculto que contiene la vida del autor, sus ideas, sus ilusiones y sus mundos, y que sólo el lector avezado llegará con suerte a descubrir.
Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973), traductor, ensayista, crítico literario, columnista y autor de relato y novela, ha ganado con “El arte de la distorsión” el Premio de Periodismo Simón Bolívar 2009. Con esta colección de 17 artículos, que incluyen ensayos, prólogos y conferencias, el autor alimenta su adicción a la lectura por “la profunda satisfacción que nos dan los mundos cerrados, autónomos y perfectos, de las grandes ficciones. Esos mundos que, precisamente por haber nacido de la imaginación libre y soberana, dan a la realidad un orden y un significado que ésta, por sí sola, no logrará jamás. Esos mundos donde, precisamente porque no han sucedido nunca, las cosas seguirán sucediendo para siempre”, según expone en el prólogo.
Con sus comentarios, da la impresión de conocer todos los secretos ocultos tras la formación de cada libro y es capaz de señalar los métodos constructivos más eficaces que hay en muchos de ellos. La antología puede resultar quizá un conjunto ecléctico, porque algunos artículos tratan temas muy verticales, mientras en otros se explaya en asuntos llanos, colaterales con la lectura y su fábrica, muy instructivos para los amantes bibliófilos. Son 17 exploraciones que revelan a un lector agudo, original y apasionado. El espectro va de Joseph Conrad a Julio Ramón Ribeyro, pasando por Cervantes, García Márquez, Philip Roth o Sebald. Cuando se detiene en la obra o la figura de algún autor, lo hace mediante análisis someros: se limita a iluminar algún detalle menor o a reflexionar sobre alguna faceta de la narrativa de esos escritores.
En “El arte de la distorsión”, artículo que da nombre al libro y que fue en su origen una conferencia impartida en El Escorial en 2006, defiende la libertad del escritor en la creación de ficciones, porque la única razón de ser de la novela es decir lo que sólo la novela puede decir. Aborda el inevitable tema de la novela histórica, coincidiendo, sin citarlo, con Kapuscinski y con Herodoto en la imposibilidad de conocer la historia, o más bien, en la idea de que toda historia es apenas una versión de los hechos. Y cita a Julian Barnes al mencionar que “inventamos historias para tapar los hechos que no conocemos: conservamos unos cuantos hechos verdaderos y alrededor de ellos tejemos un nuevo relato.”
En esta serie de artículos hay mucha erudición y agudas vueltas de tuerca, pero la brújula de Vásquez deja tan estrecho margen de maniobra en algunos momentos, que suena a imposición, por ejemplo, a la hora de establecer quiénes son buenos y malos lectores. Tal vez por eso, lo mejor de este libro, como en la literatura en general, resida en la libertad de combinar y seleccionar los contenidos a gusto de cada cual.
© E.Z., febrero 2010
Me gusta como afrontas este libro sobre critica literaria. Y concuerdo contigo. Si una cosa no puede hacerse con propiedad en la vida es calificar de bueno o malo un libro. Un libro podra estar bien o mal editado, tener o no faltas de ortografía pero los gustos es un mundo infinito. Un saludo.