No se trata de ningún error. El vocablo existe y figura en los diccionarios como sinónimo de hipocresía, falsedad, fingimiento y una lista de otros veinte términos afines. No busco ninguna clase de lucimiento personal. Soy de natural discreto, pero las circunstancias me han llevado a desenterrar este fósil griego, “mónita”, que resulta lo bastante llamativo y que, por asociación de ideas, puede emparejarse fonéticamente con “cáspita”. De paso, sirve también para demostrar la utilidad de las tildes que, si se perdiesen en esos dos casos, derivarían en un par de diminutivos insustanciales. Tampoco es que me cueste centrarme, sino que me estoy dando tiempo para que descienda mi nivel de bilirrubina o cualquier otra clase de humor que hace euforia cuando nos dan un pisotón inesperado. El día iba bastante bien hasta que he leído un artículo sobre el burka y sus distintos usos, y ahí ha sido cuando se me ha revuelto la bilis, al comprobar la escasa correspondencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Cuando ese desajuste se produce desde la consciencia y no desde la ignorancia, se denomina directamente hipocresía o cualquier palabro más popular y más grueso, y por tanto, mucho más gráfico.
Leo sobre las distintas iniciativas, en muchos casos ya convertidas en leyes, que se van implantando por media Europa sobre la prohibición del uso del burka en cuanto que supone “un atentado contra la dignidad de las mujeres” y bla, bla, bla. Y leo en paralelo las campañas “artísticas” a cargo de famosos diseñadores de la talla de Nina Ricci, John Galiano o Carolina Herrera, que presentan en las pasarelas internacionales sus nuevas colecciones “inspiradas” en el burka. Burkas de colores y diferentes texturas para hombres y mujeres.
De manera que está prohibido llevar burka por motivos culturales o religiosos, pero no si se canaliza como producto artístico firmado por alguien con un logo lo bastante atractivo como para despertar el interés de los chinos imitadores. Por tanto, no es lícito lo cotidiano, pero sí el producto de lujo que rinde beneficios millonarios. No se permite a las alumnas asistir al instituto con burka (y me parece bien; nosotros no nos quejamos porque nos hagan descalzarnos para entrar a sus mezquitas, así que toca adaptarse al lugar en que se está), pero visten a Barbie con burka para conmemorar el 50 aniversario de su creación (porque eso vende por exótico). ¿Dónde está la difusa frontera entre la reivindicación y el negocio? ¿No conoce límites la manipulación del dinero? ¡Mónita! ¡Mónita! ¡Mónita!
E.Z., 28 abril 2010
me temo que los limites del poder del dinero son efimeros. de hecho en la sociedad en que vivimos parece que no tuviera límites. Asi nos va, con descalabros de estafadores que dejan a millones sin ahorros y paises quebrados. Lo del burka una verguenza. Pero te aseguro que no pagare un euro por ninguno por mucha marca de lujo que lo presente.
Un saludo
Yo consigo entrar sin problemas. Has mirado si los otros comentarios estan pendientes de aprobación en tu administrador?
se es mi problema: que mi “administrador” est vaco, no hay nada en l, se ha volatilizado todo. Estoy enviando mensajes de SOS a WordPress, pero no me responden.Gracias por tu inters.
Hola,Esther:
Aunque ya ves que llego un poco tarde a tu blog, no pienso reprimir mis comentarios por vergüenza.
Me gusta la desconocida palabra “mónita” y me gusta el pequeño artículo documentado desde la Grecia clásica a las pasarelas perversas occidentales sobre ella. ¡Una pena que no podamos leer, por ejemplo, en El Semanal
Un saludo.
J.C